Lo de Deerhunter ha sido una sucesión de sorpresas develada en un cortísimo período de tiempo. De entrar fuerte en la media independiente con su segundo largo “Cryptograms” (2007, Kranky), han pasado en meses a compartir giras con Animal Collective y a arrastrar consigo un séquito tanto de fieles seguidores como de crudos escépticos. Es que la historia repasada por encima se asemeja más a un hype de indies hiperventilados que al ascenso lógico de una banda con cosas que decir. Pero en el transcurso de discos, eps y proyectos paralelos los de Atlanta difuminan cada vez más el fantasma del hype y se posicionan basados en una prolífica producción, como un referente más que interesante, transformándose en un must de la música independiente de estos días y número fijo en las listas de fin de año.
El destacado “Flourescent Grey EP” del año pasado pareciera ser el pivote con el que “Microcastle”, su nuevo disco, toma impulso para incubarse . El sicótico Deerhunter de “Cryptograms” hoy suena mucho más cómodo y confiado. El rollo va por el lado de canciones brillantes, sencillas, pero remojadas en drones y espacios de reverberancia que las transforman en caramelos con LSD (“Never Stops”). El trabajo sónico es monumental (“Cover me (slowly)” lo demuestra de entrada), y las canciones de Bradford Cox fluyen plácidas en este encatrado de paneos lo-fi y feedback retumbante. “Agoraphobia” (con el guitarra Lockett Pundt en las voces) es una sutileza que no parece cosa de ellos, pero que arrulla cual canción de cuna en 3 de los minutos más preciosos de este año. Tan arrebatadores como la catarsis eléctrica en clave vals de “Twilight at Carbon Lake”. Con o sin intención los de Atlanta suenan más conmovedores que nunca, aunque los espacios para sus ensayos ambient todavía merodean. A mitad del disco y sin pudor alguno se atreven con un viaje de sicodelia shoegazer (“Calvary Scars”, “Green Jacket” y “Activa”) sin llegar a estropear la continuidad en ningún momento, para aterrizar con nervio garage, pero sonando dinámicos y contundentes en “Nothing Ever Happened”, una perla de electricidad indie y de lo mejor del paquete. Por otra parte, “Weird Era Cont.” fácilmente podría haberse transformado en una anécdota al lado de la exhuberancia estilística de “Microcastle”, pero este aparente bonus disc se defiende digno con momentos tan atractivos como “Vox Celeste” (¿se puede sonar mas My Bloody Valentine que eso?) o con ese guiño alevoso a “Just Like Honey” en “Vox Humana”. Lo demás son en mayoría buenas ideas esparcidas sin mucha lógica, pero que fluyen con una naturalidad que evita tedios.
En “Microcastle/Weird Era Cont.” es como si los de Atlanta hubiesen encontrado su método. A partir de ahí todo parece encajar en el lugar correcto. Por un lado el lenguaje sencillo de canciones perfectas, y por otro la arquitectura espaciosa y brumosa de un sonido uniforme, cual marea manejada con docenas de pedaleras. Sin lugar a dudas Cox y su gente han logrado uno de los mejores discos de este año.

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Por fin. Grande agoraphobia wm.
[...] Y no olvidamos a los internacionales Lindstrom, Subtle, Hercules & Love Affair, The Notwist, Deerhunter, Flying Lotus, Morgan Geist y Q-tip, por nombrar algunos grandes del [...]