
Bellavista es el epicentro de la diversidad más rara del mundo. Por Pío Nono se pueden ver los mejores ejemplos del santiaguino carretero, mientras que si se cruza por el Patio Bellavista, se llega a otro mundo más acomodado, con sillitas de madera y todo. Lo mismo si se sigue derecho, desde la disco Alien hasta el Zoológico, o por un montón de calles que encierran sucuchos de variados gustos y precios. Semejante barrio guarda una residencia acomodada, hasta se podría decir lujosa: la sala SCD, que tampoco se tiene que creer mucho, porque a veces de tanto cable se termina enrollando feo. Por suerte, a Camila Moreno y a Dadalu y sus Patsmear les tocó una noche buena. Porque sonaron maravillosas y además, ante un populoso recibimiento.
Si afuera la víspera de fin de semana largo invitaba al carrete más rancio, adentro aparecía una muchacha que de tan simple parece muy bien encaminada: Camila Moreno y su guitarra. O la guitarra y Camila Moreno, porque en esa relación están muy unidas.

Desde los primeros acordes nos olvidamos de la oferta del barrio y la atención se fija en ella: con un registro que sorprende, cantándole al amor con una gran velocidad en las cuerdas, la también Caramelitus se escucha más cómoda en faceta folclórica. Y no de lo juguetón o infantilezco que pueda parecer el estilo; por el contrario, resulta dura en tono y poesía. La sencilla joven no enseña una gota de titubeo, no cae en ningún nerviosismo simplón de novata. Al revés, ella ataca y al final no importa que el comentario de pasillo sea que es “igualita, pero igualita a Violeta Parra”. O faltan más registros para que la comparación evidente se prohiba, o la modita folk nos hace pensar que todo lo que tenga una guitarra es la new generation de la Parra o Víctor Jara. Porque al final es muy sencillo colgarse de una madera con seis cuerdas, florcita en el pelo a lo Joyce Castiblanco y una falda larga, larga, larga y colorida (ojalá con más flores) para ser la nueva promesa del folclor.
A Camila Moreno le deben estar lloviendo las ofertas para cargar con ese título, pero ella parece más interesada en pararse a cantar bien gritona lo que siente. Y si suena a cueca o a balada da lo mismo. Lo peor es cuando se le compara con Chinoy en una manía de homologarla a algún referente masculino: el estilo de Camila Moreno sirve de base para conocerla, absolutamente, pero en ella pesa un poco más los motivos y el carácter.
De eso sabe Dadalu, que le importa poco hablar de que le llegó la regla, del olor a marisco o de la sociedad ciega. En vez de cargar con el rótulo de promesa, lo suyo es la demostración más talentosa de tener un puñado de canciones en extremo intimistas, capaces de representar a mucha gente. Y en ese sentido, sin Dadalú un ciclo como “Ellas cantan solas” no sería más que un nuevo (o al parecer consolidado) ejemplo de sexismo. Quién más que ella para hablar de que se siente fea y de que no le resulta ser vendedora, o que se siente enamorada hasta las patas y se pone a escribir cosas melosas.
Sin boicotear los otros intentos locales por defender el rol femenino, Dadalu y Los Patsmear y Camila Moreno van más allá e impactan a todos, gracias a canciones que los más conservadores etiquetarán de buena onda. Comentario aparte y para finalizar: qué bien sonaron todos, como pocas veces se escuchó cada viento, la guitarra, el teclado, los efectos electrónicos. Y para qué decir las voces.
Fotos por Hixaga



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Grande la dada & los smear y bienvenido Mardones…
camila moreno dejo a motivado off
y si…bienvenido Mardones
grande la DADA!! magica como siempre
sorprendio camila,
bonita noche
aguante mardones mapa crew
Estuvo muy, muy bueno. A la dada en cualquier momento se nos pone bien reggae! y la camila
Haga lo que haga, con su voz, se va notar real y no sobre actuado o que no convine su voz con el estilo que este haciendo.
Grande noche! y salud pal mentira que pudo hacer salud con gusto!