Segundo disco del dúo de Baltimore y misión cumplida. Después de su debut homónimo del año 2006, Alex Scally (guitarras, teclados) y Victoria Legrand (voz, teclados) sacan un as impensado, construyendo un disco que parece tejido a mano, perfecto en sus sucesiones y con un hilo invisible que une todo lo que se oye en él. Un esqueleto armónico de peso y de producción impecable. “Devotion” se gesta en base a entramados simples que suenan a cacharros, guitarras, juguetes y casiotones, pero que generan delicias melódicas a través de canciones muy sentidas, de aires fantasmales y llenas de una bruma melancólica que suena madura, otoñal y robusta. Un ghost rock quizás, con lo más fino del misterio a lo Piano Magic y con la dulzura minimal y solemne de Low.
Las canciones danzan con tenue languidez en completa armonía, evocando tardes grises, humedad e historias inconclusas. “You Came To Me” logra aparecer orgullosa en su final, con un mini crescendo de dignidad conmovedora. Una delicada guitarra es la que acarrea el lamento de “Gila”, que levita agudo al llegar a su coro, erizando pelos en una sucesión de notas tan simple y predecible, como perfecta.
Son todas pequeñas sinfonías artesanales, dulces a veces (“Astronaut”) y dolorosamente estremecedoras en otras (“Turtle Island”). Nanas balsámicas bien introspectivas, llevadas a la gloria por la versatilidad de una Legrand que suena gigante en los reverbs que la visten y en la convicción de sus fraseos. Una impecable muestra de delicadeza y buen gusto, en un álbum para perderse una tarde de otoño y encontrarse a salvo un rato después. ¿Disco del otoño?

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