
Durante 4 discos esta banda oriunda de Leeds, Inglaterra, se había entregado devotamente desde su trinchera lo-fi a la búsqueda minuciosa del sonido del desamparo y la soledad. La necesidad de dar un paso al frente, o definitivamente uno al vacío, los lleva en su EP Home is where it hurts (2001) a cocinar un par de nuevas ideas. Y es en Cold House donde logran por fin desdoblarse desde los códigos del post rock disonante y cinemático de sus inicios, hacia las seductoras formas de la electrónica de vanguardia, logrando su gran punto de inflexión, además de abrirle con astucia y visión su ventana al por ese entonces incipiente hip hop de borde marca Anticon. Es así como se dio a luz al hijo mas bello, tímido y alienado de la generación indietrónica, una colisión subatómica entre el rock, el lenguaje del error digital y el cut ‘n paste.
Confesos seguidores de los sonidos de Disco Inferno, Bark Psychosis o la escuela Warp de Boards of Canada y Autechre, es en Cold House donde la angustia desplegada en sus esfuerzos anteriores toma formas mas líquidas y etéreas, y la introversión natural de su música libera una expresividad inédita, aún cuando el lenguaje con que sale a flote pareciese tan hermético. Porque es desde un verdadero caos errorista-ruidista de donde florece la emotividad líquida de “This is What We Do To Sell Out(s)”. Y es en la deformación infame del fraseo de Dose One donde se cobija el crescendo esperanzador de “You’re Worth The Whole World”. El riesgo de adoptar estas nuevas formas le dio el suficiente orgullo y pulso a los trazos de un disco, que casi sin quererlo se transformó en un referente casi incontestable, incluso para ellos mismos (“Outside Closer” de 2005 no desteñía, pero adolecía de cierta inconsistencia al intentar medirlo con las cotas de su predecesor).
Momentos brillantes hay demasiados. Why? pintando metáforas imposibles (“sometimes the sunset doesn’t want to be photographed”) sobre una línea de bajo inmensa en “Branches Bare”, o la voz de Chris Adams sanando yayas desde el precipicio de “Enemy of Time” sobre un colchón instrumental de un tono otoñal intenso. O la sensación de desamparo impermeable que respira de alivio en el sintético, polirrítmico y perfecto “You Show no Emotion at All”. Puras joyas de sabores gélidos y silencios dolorosos, guitarras vaporosas y clicks lacerantes. La belleza y desolación digital que Radiohead ha perseguido por años y aún no ha podido conseguir. Un disco que por miles de razones nos abrió la cabeza a muchos y que creo nunca dejará de sonar en nuestros audífonos.

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Cold House broders … denle otra oportunidad a outside closer, es igual de inmenso.